Un Mundo

Por David Estévez – GT nº 39

Entré con mi grupo en la Capilla de San Miguel, parte alta de la Cámara Santa. Como otras veces. Y allí lo ví. Tras la rehabilitación, Raimundo (“Mundo” para los amigos) contemplaba, extasiado, el Apostolado limpio y restaurado. Para los que no lo sepan, Mundo se pasó media vida enseñando la Cámara Santa a los turistas respirando el mismo aire que el Apostolado. Era su guía, su guardián. Se retiró hace casi 20 años. Sabía más que nadie de este espacio. Y muchas cosas que no se encuentran en los libros nos las enseñó a algunos de nosotros…

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Cámara Santa, Capilla de San Miguel (Fotografía: Turismo Asturias)

No me reconoció. Apenas reconoce, ya que el Alzhéimer ha hecho presa en él. Se puso a explicar la Cámara Santa a mi grupo. Quería contar tantas y tantas cosas… Brillaron sus ojos. Le saludé. Hacía mucho que no le veía. Sus jóvenes acompañantes, cuidadores y quizá familiares, me pidieron perdón. No hacía falta. Dejé que hablara. No me molestaba y a mi grupo tampoco…

Es imposible describir qué pasó. Mundo con todo un mundo que contar y sintiendo la Cámara Santa tras su restauración. No contó cosas: Contó historias. Las contó, ¡vaya si las contó! El Alzhéimer hacía que no reconociese a las personas pero el Arte revivió su memoria y pudo con la enfermedad. Lúcido, despierto, Mundo volvió a ser el que era. Sólo unos minutos que fueron un mundo de felicidad para él y para todos nosotros. Fue emocionante. Se lo llevaron después, agotado… los acompañantes seguían pidiendo perdón…

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Detalle de la Cruz de los Ángeles (Fotografía: Turismo Asturias)

Salió Mundo de la Capilla de San Miguel, parte alta de la Cámara Santa. Como tantas y tantas veces. Y cuando lo hacía, creí ver la filacteria de San Bartolomé temblar, los ojos de zafiro azul de Santo Tomás brillar y un ligero codazo de San Pablo a San Pedro que hizo tintinear sus llaves. Hasta creí apreciar un par de guiños de San Felipe y Santiago Alfeo. Creí que San Andrés y San Mateo inclinaban ligeramente sus cabezas, juro que San Juan sonrió tenuemente, que Santiago el Mayor bajó un poco el bordón a modo de tributo y que San Tadeo y San Simón movieron sus manos en señal de despedida…

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San Pedro y San Pablo (Fotografía: Trevor Huxham)

Tal vez creí verlo y no lo vi. Pero quiero creer que fuimos testigos del homenaje de los guardianes de la Cámara Santa a quien fue uno de sus guardianes también. No niego que haya sido mi imaginación. Nunca se sabe con esa piedra que late y que está, hoy, más viva que nunca. Pero lo que no es producto de mi imaginación es que el Arte venció al Alzhéimer. Y Mundo recordó. Fue el milagro de la piedra y de la potencia del símbolo. El milagro del Arte como arteria palpitante que es de la propia Historia.

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Santiago El Mayor con San Juan y S. Tadeo con San Simón (Fotografía: Trevor Huxham)

Y fuimos testigos de algo único: Cómo un vendaval de vida, de Arte y de Historia se llevaban por delante el mal de un enfermo cuya lucidez se elevó y retumbó en el eco milenario de la Cámara Santa. Y el silencio que dejó, todavía se escucha hoy camuflado en otros tantos silencios fruto del paso de siglos de todos “los Mundos” que han pasado. Ecos de silencios que se mezclarán con los silencios que dejaremos los que seguimos pasando, y que pasaremos, formando parte de la rica Historia de este mágico espacio.

NOTA:

Poco después de este encuentro, Raimundo Gutiérrez García, Mundo, fallecía el 20 de abril de 2015.

APIT Asturias quiere dedicar este escrito a su memoria y a todos aquellos que nos enseñan y ayudan a seguir adelante en la apasionante labor de la interpretación de nuestro patrimonio cultural que realizamos los Guías de Turismo.

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