Category Archives: Cultura

Premios APIT 2017

premiosapit17ok

Como cada año, la Asociación Profesional de Informadores Turísticos de Asturias (APIT) hará entrega de sus premios en una ceremonia que tendrá lugar el próximo miércoles 22 de marzo en el salón de actos del RIDEA – Real Instituto de Estudios Asturianos (Plaza Porlier, 9. Oviedo/Uviéu) a las 19:00h.

El objetivo de estos galardones es reconocer a aquellas personas y entidades cuya labor ha percutido en favor del ámbito turístico, del estudio y divulgación de la cultura o de la dignificación de la profesión del guía de turismo.

Desde APIT queremos felicitar los premiados.

Premio Rey Casto: Programa “Mochileros”. Médula Producciones

Desde su estreno en 2010, este conocido programa de la TPA sobre aventura y turismo activo nos ha guiado a través de nuestro paisaje y paisanaje con la naturalidad, simpatía y poder comunicativo de su polifacético presentador Camilo Sousa.

Premio Francisco Monge: Don Lorenzo Arias Páramo

Profesor titular de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo/Uviéu y miembro del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), Lorenzo Arias Páramo es uno de nuestros más activos expertos -y defensores- del arte asturiano.

Premio de Honor: Doña Carolina García Suárez

Diplomada en Turismo y en Estudios Franceses, así como licenciada en Geografía e Historia, Carolina García ha venido desempeñando sendos cargos vinculados al área de turismo, destacando actualmente como coordinadora de la Oficina de Congresos de Gijón/Xixón.

 

premiosapit17ok

 

Unas pinceladas sobre Murillo

murillojp

Por David Estévez – GT nº 39

Este 2017 recién comenzado celebrarán los 400 años del nacimiento de uno de los más conocidos pintores del Siglo de Oro español: el sevillano Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682). Por lo tanto será el año Murillo. El pintor está presente en el Museo de BBAA de Asturias. No sólo con cuadros, sino también con la influencia que ejerció posteriormente en muchos artistas. Así pues daremos algunas pinceladas de los dos cuadros expuestos en el museo y veremos un par de ejemplos de su influencia. Uno del siglo XVIII y otro del XIX.

Murillo es uno de los más destacados pintores de la segunda generación de pintores del siglo XVII español junto con Juan Carreño Miranda. Pertenece a esa segunda hornada de grandes artistas del Siglo de Oro que sigue a los Velázquez, Ribera, Zurbarán, Alonso Cano y un largo etcétera que configuran la primera hornada. Los dos, Murillo y Carreño, contemporáneos y exponentes, respectivamente,  de los dos focos culturales más importantes de la España de la época: Sevilla y la Villa y Corte: Madrid.

San Pedro (ca. 1670). Bartolomé Esteban Murillo

El Museo de BBAA de Asturias expone un muy maduro San Pedro adquirido en 2003. El apóstol centra todo el cuadro con ojos llorosos fruto del arrepentimiento, tema muy del gusto de la época que potencia la Contrarreforma. Recoge con su diestra el manto al mismo tiempo que sostiene un gran infolio con la ayuda de la otra mano y del pecho. No es casualidad que manto e infolio tengan el color de la tierra. Menos casual es que la vestimenta del santo sea azul. Cielo y tierra se unen en él. Su diestra también agarra una llave, uno de los símbolos habituales de San Pedro, marcando una clara diagonal con el infolio que se equilibra con el manto. El esquema compositivo tiene, así, una cuidada composición “en flecha” siendo la vertical de la misma el torso y la cabeza del apóstol. La luz cenital modela ésta en la que destaca su frente despejada. Tal vez para recordarnos la responsabilidad del primer cabeza de la Iglesia. El cabello y la barba son algodonosos, transmiten una texturalidad vaporosa muy típica en la obra de Murillo. Su mirada se dirige al frente con lo que esa tristeza y arrepentimiento al que aludíamos antes llega de forma muy palpable al espectador. Murillo solía utilizar modelos reales. Este hecho ayuda a la impactante humanización en los personajes de su obra que le dará buena parte de su fama. La pincelada es muy suelta, casi sin masa matérica, de “película fina”. A medida que avanza en su vida aligerará más y más la paleta. Y ganará en calidad. No en vano esta pieza está pintada alrededor de 1670, época plena de madurez. Murillo, en este sentido, es como un buen vino: Gana con el tiempo. Algo parecido ocurrirá con Goya.

indice-de-biografias-esteban-murillo-san-fernando1

San Fernando (1671). Bartolomé Esteban Murillo.

El San Fernando es un depósito del Prado. Murillo pintó unos cuantos ya que su iconografía estuvo muy de moda en aquella época (recordemos que Fernando III fue canonizado en 1672). Aquí todavía no lleva el nimbo de santidad por lo que seguramente fue pintado justo antes de la citada canonización. El rey se presenta orante en un reclinatorio vestido con armadura y capa de armiño, con la corona colocada en el atril y con los clásicos ángelitos del sevillano descorriendo la cortina que se ve sobre su cabeza de donde llega una luz vaporosa y dorada reveladora de la presencia divina que cae sobre el rey santo.

Murillo será uno de los modelos seguidos por varios artistas a través de los siglos. Dos ejemplos de su influencia los tenemos en la suiza-austríaca Angelica Kauffmann y en el escocés John Phillip.

San José con el Niño (A. Kauffman)

Angelica Kauffmann (1741-1807) fue la persona dedicada a la pintura más cotizada a finales del siglo XVIII en Londres y Roma. Políglota, virtuosa de varios instrumentos musicales y voraz lectora, su nivel cultural era elevadísimo. Y tiene un valor enorme siendo mujer. El San José con el Niño que expone el museo tiene una sutil aureola dorada que rodea a las figuras que se acentúa en el Niño. La manera de pintarlo, la dulzura en la expresión, la pincelada suelta y ese tratamiento lumínico bebe, sin lugar a dudas del maestro sevillano. De una forma ingenua pero cargada de simbolismo, Jesús toma voluntariamente unas ramas de olivo con fruto que se encuentran en un cuenco. Sin duda una prefiguración de la eternidad conseguida por su futuro sacrificio.

La carrera temprana de Murillo (1865). John Phillip.

John Phillip (1817-1867) simboliza la fascinación que ejerció la España del XVII en la cultura anglosajona durante el siglo XIX. Por su carácter pintoresco y su historia, crisol de varias culturas. Sin duda el Siglo de Oro fascinaba a estos artistas y, de entre ellos Murillo, que hasta entrado el siglo XX va a ser la figura más admirada. John Phillip viajó en varias ocasiones a España y aprendió incluso nuestro idioma. El museo expone “La temprana edad de Murillo”, cuadro pintado en 1865 y que reproduce, de forma romántica aunque con guiños realistas, una atestada calle de Sevilla donde un adolescente Murillo vende sus cuadros en la calle. Dos dominicos contemplan una de las obras mientras que un inquietante franciscano los observa. La gitana del centro también mira al cuadro mientras los niños juegan (un homenaje a los niños tan reproducidos por Murillo). No falta un soberbio bodegón integrado en la escena cargada de detalles: la bacía recuerdo de los orígenes de Murillo (padre cirujano-barbero), la venta de sangre de santo, el vendedor a lomos del burro, los instrumentos del pintor, algunas de sus obras, etc.

Murillo, quien gozó de éxito en vida (fue apodado incluso el “Apelles sevillano”), morirá a consecuencia de las heridas producidas por una caída desde el andamio en el que trabajaba en su taller de Sevilla pintando un gran lienzo para la iglesia de los Capuchinos de Cádiz. Cruel destino como pasó con la tercera generación de pintores de su siglo que le siguen. Tendrán un aciago final. Mueren muy jóvenes víctimas de enfermedades o de accidentes. Fue una generación “cuasi perdida” excepto Claudio Coello.

También el andamio de lo que había sido el Imperio español en el siglo XVI se desmorona. El Siglo XVII inicia la larga agonía de ese Imperio español “donde no se ponía el sol” que morirá en 1898 con la pérdida de las últimas colonias. Dios ya no era español como se decía. El Siglo XVII será el fin de la poderosa dinastía de los Habsburgo conocida comúnmente como la Casa de Austria. Será un Siglo donde las sombras ganan a las luces en la Historia de España. No obstante, en la agonía de esa España moribunda, surgirán algunos de los artistas más granados  de la Historia del Arte universal. El Siglo XVII cambiará la forma de ver la vida y eso se irá reflejando, como es natural, en el Arte. El proceso que se inicia va a ser imparable. Y hará que España, incluso en su ocaso, brille como el sol. Por eso, y más cosas, el Siglo XVII es nuestro Siglo de Oro. El Siglo de las Estrellas como se diría, quizá, ahora. Y Murillo será una de las que más reluzcan en ese firmamento.

Oviedo, abril de 1937

Por David Estévez – GT nº 39

Las piedras de Oviedo estaban rotas. El vendaval de la guerra había dejado lamentos y heridas que tardarían en cerrarse. Quizá nunca lo hiciesen.

Medio año después el negro era el color dominante. La ciudad estaba de luto. La sangre ennegrecida no había desaparecido y todavía se podía respirar el humo, la pólvora y el carbón. Oviedo nunca sería la misma. El olor a fuego y muerte no había desaparecido y se filtraba en las casas de los más pobres y de los más ricos… Hasta parecía que se percibía en la misma Catedral pese al incienso.

30_11

Calles de horror y silencio. Fotografía: Ignasi Escudé

Las piedras de Oviedo estaban tan rotas como las ropas de las calles y caminos. Imposible identificar si un trozo de tela había pertenecido a un pantalón, a una camisa o a un gorro. Botas y todo tipo de zapatos presentaban aspectos grotescos: habían sido esculpidos por el demonio de la guerra.

El viejo y la niña bajaron la cuesta con cuidado, cogidos del brazo. A él le temblaba el cuerpo por la costumbre y la edad. A ella le temblaba el cuerpo por el miedo y el frío. Un obús había dejado destartalada la ya de por sí destartalada casa. Las autoridades habían apuntalado como habían podido el edificio y arreglado una parte del tejado. Suficiente para los dos. Si no llega a ser por los gruesos muros de piedra…

El viejo se había quedado sin su hijo, la niña se había quedado huérfana y la ciudad se había quedado sin risas. La falta de sonidos era abrumadora. Aquello no era silencio. El silencio consuela. La falta de los ruidos familiares de la ciudad asustaba. Y estremecía hasta las piedras rotas.

sd

Al fondo, la Catedral mutilada. Fotografía: Cristóbal Mendía Santos

Tal vez fue por esa falta de sonido pero el viento empezó a soplar. Se colaba por los agujeros de las piedras quebradas, por las esquinas de las desvencijadas calles, por las heridas de la torre de la Catedral, por las ventanas destrozadas de palacios, iglesias y casas. Y, sobre todo, entraba en la piel y en los huesos de cualquier vida. Entre la muerte. El viento movía las tejas coloradas de los edificios de lo que Clarín había llamado la Encimada. Y se colaba por sus grietas. Producía un efecto de cloqueo muy curioso. Eso despertó la curiosidad de la niña que miró por la sucia ventana. Tan gris como la ciudad.

Ese día ventoso de primavera el viejo se sorprendió cuando su nieta gritó: “¡¡¡Güelu, güelito, mira, nieva!!!!”

Ese día ventoso de primavera el viejo se sorprendió porque cortinas y cortinas de pequeñas flores blancas caían como copos de nieve. Eran las flores de los tejados, las flores estrelladas de cinco pétalos blancos que los antiguos creían que rompían las piedras porque enraizaban en ellas. De hecho se llamaban  saxifraga (saxum: piedra y frangere: romper). Vivían y morían con la piedra. La sangre ennegrecida, el humo, la pólvora y el carbón no habían podido con ellas.

3585485746_3b83427c59_b

Flores de saxifraga. Fotografía: John Stratford

Sí: Las piedras de Oviedo estaban rotas. El viejo se consoló pensando que el vendaval de la guerra no era el único culpable. También las flores, con su delicada dureza, rompían la piedra y habían jugado su papel. Abrazó a su nieta y contempló su cara, sus ojos de asombro, mientras veían nevar flores. La vida, una vez más, también se colaba entre las piedras rotas.

P.D.: En uno de sus artículos, Carmen Ruiz Tilve habla de las flores blancas que cubrían los tejados de Oviedo antaño (LNE 02/03/15). De ahí nace este escrito donde también se quiere no olvidar jamás los horrores de la guerra. Convienen recordar que este 18 julio se cumplen 80 años del inicio de la Guerra Civil española.

El llamado “cerco” de Oviedo duró de finales de julio a finales de octubre de 1936. Dos datos espeluznantes: En Oviedo cayeron en esos tres meses 120.000 impactos de artillería y 10.000 bombas de aviación. Según el Colegio Oficial de Arquitectos de Oviedo sólo 30 inmuebles no fueron tocados y reformados total o parcialmente en toda la ciudad.

Cuideiru/Cudillero ¿un pueblo vikingo?

Por Denis Soria – GT nº 219

La imagen de esta villa es icónica. Cuideiru (Cudillero para los ignaros) es una reunión de color y vida encaramada sobre un anfiteatro abarrotado que tiene al mar por escenario. Por él sus vecinos reciben el nombre de pixuatos, en referencia al pexe y por tanto al oficio de pescador, mayoritario hasta hace unas décadas. No es raro, y es que los vecinos de As Figueiras (Castripol) son también conocidos como pixotos.

Ojo, no todos los que viven en Cuideiru ostentan este gentilicio. Los que se dedicaban a otros oficios (al comercio o a la labranza fundamentalmente) eran conocidos como caízos, por ocupar el barrio de La Cai. De hecho tradicionalmente estas dos comunidades se llevaban a matar, estando incluso excluidos estos últimos de participar de ciertas fiestas (y ya no digamos los vaqueiros). Porque ya se sabe, que en pueblo pequeño, infierno grande

12258297106_82b4d87576_h

Vista de Cuideiru. Fotografía: Javier Díaz Barreda

15811259315_3936457be6_k

Rinconinos. Fotografía: Jose Luis Cernadas Iglesias

Pero mucho se dijo y se dice sobre sus vecinos, especialmente sobre su supuesto origen en los vikingos que asolaron las costas europeas hace un milenio y asentados aquí o acerca de su habla, distinta al resto y salpicada de palabras de raíces nórdicas. Una leyenda que cobró fuerza en los últimos años seducida por la épica de las novelas y series de televisión. Pero, ¿qué hay de verdad en todo esto? ¿Existe un dialecto pixuatu? Y… ¿Son realmente sus vecinos descendientes de los normandos?

vikings-season-3-spoilers

Reproducción de los drakkars o långskip lordomanos para la famosa serie Vikings.

Las crónicas medievales asturleonesas nos hablan ciertamente de hasta cuatro oleadas de estas incursiones de turistas escandinavos por el Reino de Asturias entre los siglos IX y XII. En efecto, en el verano del año 844 fue avistada una flota vikinga en la costa de Gijón/Xixón rumbo a Galicia, donde se entregaron al pillaje. El rey Ramiro I los derrotó a los pies de la Torre de Hércules, destruyéndoles alrededor de 70 naves, aunque los supervivientes continuarían sus correrías por el Al-Ándalus saqueando Lisboa y Sevilla.1 Incluso Oviedo/Uvieo fue asaltada en tiempos de Alfonso III, motivando la construcción de La Torre Vieya de Samiguel, anexa a la Catedral. Aunque en ocasiones los propios monarcas recurrieron a sus servicios, bien para sus luchas intestinas o bien para la guerra contra los musulmanes, como en el caso de Alfonso II contra Hisham I en el 795.2

No obstante, a pesar de contar con indicios de asentamientos temporales en Galicia, el que fuera uno de los territorios peninsulares más castigados por sus ataques, no poseemos ninguna prueba documental ni arqueológica que acredite el improbable establecimiento de grupos de normandos en tierras asturianas.

sfsfs

Panorámica de la villa. Fotografía: Denis Soria

Sí acaso de celtas britones, refugiados cristianos que huían de la invasión anglosajona de las Islas Británicas en el siglo VI hacia lugares como Armórica (la actual Bretaña francesa), Galicia y Asturias, donde fundarían la Diócesis de Britonia. Aún hoy conservamos topónimos que evidencian su presencia, como El Bretón (La Madalena, Avilés), Bretones (Belonciu, Piloña) o La Playa los Bretones (Vidiago, Llanes).

378851424_bfcceab487_b

Lanchas en el puerto. Fotografía: Santi

Aún con todo, resulta muy aventurado afirmar que fueran estos britones o vikingos los fundadores de Cuideiru. ¿Y qué hay de su legado en el dialecto local? Quizás pueda desilusionar a más de uno, y es que el habla pixuata no es ninguna particularidad, sino que resulta idéntica al asturiano hablado en Pravia o en Grau. Es decir, que no existe ningún dialecto pixuatu.

maxresdefault

Carmelina, una de las pixuatas que mejor conoce la lengua. Fotografía: Xosé Ambás

Más allá de la jerga relacionada con la mar y la pesca, el habla de los pixuatos y de sus vecinos se caracteriza por el fuerte cerramiento vocálico (fonti/fontis, gatu/gatus), la apertura de la tónica en la diptongación de /ǒ/  y /ĕ/ latinos (pueblu-puablu, bien-bian) o el empleo de los diptongos /éi, ou/ (veiga, mariñeiru, outru…). En la misma web del Ayuntamiento se pueden consultar varias palabras comunes entre los lugareños, algunas realmente curiosas.

Asturiano Tipo A Asturiano central Castellano std
Bulichi Boliche Boliche (red, aparejo)
Castiallu Castiellu Castillo
Chama Chama Palo que se coloca en el carel de una embarcación donde se pone el estrobo para fijar el remo].
Chicoti Chicote Chicote (extremo, remate o punta de cuerda, o pedazo pequeño separado de ella.)
Fuau Fueu Fuego
Gaxarti Gaxarte Gancho, garfio
Guai Güei Hoy
Guavada Güevada Hueva
Guayu Güeyu Ojo
Güichi Güinche Guinche (grúa o torno para subir cajas o material)
Llubricante Brugre, llocántanu Bogavante
Lleichi Lleche Leche
Quiquirimandi Cascoxu Caracol
Zurria Orbayu, orpín, muga, zurria Llovizna

L’Amuravela

Pero si realmente queréis oír una buena muestra del asturleonés del bajo Nalón podéis acercaros el día de San Pedro (29 de junio) a la multitudinaria fiesta de L’Amuravela, declarada Bien de Interés Turístico Nacional en 1979, un sermón laico cargado de rima y suspicacia que resume lo acontecido en el año.

164100327

Lectura de L’Amuravela. Fotografía: I. Pulido

Desde hace más de 30 años el encargado de recitarlo es el escritor Cesáreo Marqués, aunque fueron célebres otros narradores como Xuacu Gaitanu o Xuan de la Cuca. Parece ser que debido al escozor de las palabras de este último el párroco decidió prohibir la fiesta hacia 1900, no recuperándose hasta 1946.

Dichos versos empiezan así:

Nel nomi de Xuasús
ya la Virxi Soberana,
vou ichar l’Amuravela
comu San Pedru asperaba.

A lo que, tras recitar el sermón, concluye con un saludo al santo en el código náutico:

Mientras Cuideiru viva
ya duri la Fonti’l Cantu,
vei San Pedru a la Ribera
con toudus lus demás Santus.

¡Amura vela!
¡Isa vela!
¡Fuau a babor!
¡Fuau a estribor!

¡Viva Pedru!

¿Y de dónde viene esta tradición? No se sabe a ciencia cierta, pero se dice que su origen está vinculado al regreso de los marineros que participaron en la conquista de La Florida enrolados en la nave «El Espíritu Santo», hace más de 400 años.

Ahí es nada…

 

Referencias:

  1. Carlos Sánchez, J., 2012, “Los ataques vikingos y su influencia en la Galicia de los siglos IX-XI”. Anuario Brigantino: 5. URL: http://anuariobrigantino.betanzos.net/Ab2010PDF/2010%20057_086%20VIKINGOS%20EN%20GALICIA.pdf
  2. Chao, R., 2015, “Los ataques vikingos al reino asturleonés”. Corazón de León. URL: http://corazonleon.blogspot.com.es/2015/09/los-ataques-vikingos-al-reino.html

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies